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| EL ACORAZADO POTEMKIN |
Junio de 1905, a bordo del acorazado zarista Príncipe
Potemkin de Táurida, que se encuentra fondeado frente al puerto de la ciudad
rusa de Odessa, en plena fiebre revolucionaria, la situación se está haciendo
insostenible. Dos marineros miembros del Movimiento Revolucionario Clandestino,
Vakulinchuck y Matuchenko, muestran a sus compañeros el estado de putrefacción
en que se encuentra la carne del rancho, tan infecta que está llena de gusanos.
Es un síntoma más de sus terribles condiciones de vida y los marineros deciden
amotinarse. Para sofocar la revuelta, el comandante Golikov ordena que los
rebeldes sean fusilados pero Vakulinchuck exhorta al pelotón de ejecución para
que no cumpla sus órdenes. Al final, todos los tripulantes se rebelan y durante
el motín subsiguiente se quitan de en medio a los pérfidos oficiales. Sin
embargo, el osado Vakulinchuck paga su osadía con la vida.
Su cadáver es llevado al puerto y depositado en el muelle
donde la población de Odessa se compadece de su desgracia y simpatiza con los
amotinados, hasta el punto de llevarles víveres en sus propios barcos. Pero el
zar quiere acabar con el movimiento popular cueste lo que cueste y envía al
ejército y a los soldados a calmar los ánimos a sangre y fuego. Decenas de
civiles indefensos caen durante la matanza, pero desde el acorazado Potemkin se
ayuda a la población bombardeando el edificio donde se cobija el mando zarista.
Se envía entonces al grueso de la escuadra zarista para terminar con el
acorazado rebelde, pero cuando un marinero "hermanos" a sus
compañeros, todos los buques se unen al Potemkin en su gesta revolucionaria.
REPERCUSIÓN HISTÓRICA:
Para conmemorar el
20 aniversario del primer intento revolucionario de 1905, las autoridades
soviéticas establecieron un ambicioso plan de eventos que incluía el rodaje de
algunas películas que narrasen aquellos hechos históricos. Eso sí, había que
seguir las peculiares directrices de la historiografía marxista que se regía
por el principio de contar las cosas no tanto como sucedieron, sino como
deberían de haber sucedido. Dicho de otra forma, a Eisenstein le dejaron muy
claro que esta vez la película debía acabar bien (no como en La huelga). Los
acontecimientos, sin embargo, sucedieron de forma bien diferente.
A principios del siglo XX, Rusia era uno de los países
más atrasados de Europa y con una estructura social que lindaba con el
feudalismo. Los grandes terratenientes eran los dueños absolutos de un
territorio inmenso donde la mayor parte de la población vivía en la más
absoluta de las miserias. La industrialización apenas se advertía en las
grandes ciudades. El zar Nicolás II mandaba el país con mano de hierro y
cualquier tipo de protesta social era reprimida a sangre y fuego. Por
añadidura, en 1904 Rusia comenzó una guerra con Japón a causa de unas disputas
territoriales en el extremo oriente y miles de soldados marcharon a morir en
una sangrienta contienda que estaba casi perdida de antemano. Al poco, los
esfuerzos bélicos habían agotado las arcas del Estado y una feroz crisis
económica vino a rematar la depauperada vida de los rusos.
Ante este paisaje, la población respondía con huelgas
obreras, sublevaciones campesinas, acciones terroristas y demás actos
reivindicativos que en 1905 se consolidaron en una revolución generalizada. El
inicio de esta larvada revolución se puede situar en el domingo 9 de enero,
cuando una manifestación pacífica de obreros que se dirigía al Palacio de
Invierno con el objetivo de presentarle al zar una súplica para mejorar las
condiciones laborales fue disuelta por la policía y el ejército mediante cargas
y fuego a discreción. Estos acontecimientos fueron conocidos como el Domingo
Sangriento y en cierta medida quedan recogidos en la famosa secuencia de la
escalera de Odessa, donde, por cierto, nunca se produjo la matanza que narra
Eisenstein. Pero volvamos a 1905.
La brutal represión del Domingo Sangriento, que dejó un
saldo de cientos de muertos y heridos, fue la chispa que encendió un reguero de
huelgas y motines abanderados por los soviets (organizaciones o consejos obreros
que operaban en fábricas y ciudades). El ejército también se implicó en varios
actos de protesta, como la sublevación protagonizada por los marineros del
acorazado Potemkin.
Al parecer, extenuados tras la guerra japonesa y hartos
ya de soportar las pésimas condiciones de vida a bordo del barco, el 14 de
junio, durante unas maniobras cerca de la isla de Tendra en el mar Negro, los
marineros del Potemkin se amotinaron por el pésimo estado del rancho y tras
matar a los oficiales se dirigieron al cercano puerto de Odessa para apoyar a
los insurgentes que desde hacía días se estaban enfrentando a los cosacos y las
tropas del zar. Cuando llegaron a puerto, el Potemkin se sumó a la lucha y
llegó a disparar contra algunos edificios del gobierno, pero la flota del Mar
Negro había recibido la orden de zarpar desde Sebastopol con órdenes de hundir
el insurrecto buque y el Potemkin salió huyendo hacia Rumanía. El gobierno de
Bucarest los acogió de mal talante y devolvió el buque a la marina rusa.
Algunos de los amotinados volvieron a Rusia (donde se les juzgó con severidad)
y el resto se desperdigó por Europa.
Y como epílogo de este repaso histórico podemos recordar
el fin de la revolución de 1905. Frente a un panorama de insurgencia
generalizada, acorralado entre la guerra y la revolución, al zar no le quedó
más remedio que realizar concesiones. Así, en octubre anunció una reforma
política, la adopción de una asamblea representativa (la Duma) y otorgar
determinadas mejoras laborales a obreros y campesinos (como la jornada laboral
de 10 horas). Estos avances dividieron a la oposición y la burguesía se apartó
de la senda revolucionaria. Al poco, Nicolás II volvía a tener la situación
bajo control y con ello se fue olvidando progresivamente de todos sus
compromisos hasta que se regresó de facto a la autocracia anterior.
En un principio, el filme pretendía abarcar todos los
acontecimientos de la revolución de 1905, desde la guerra ruso-japonesa al
domingo sangriento, y de hecho llevaba por título Año 1905. Ahora bien, desde
un principio se deberían haber percatado de que apenas iban a contar con el
tiempo necesario para poner en marcha el rodaje. El encargo se realizó el 19 de
marzo de 1925 y la película debía de estar concluida para el 20 de diciembre.
Es decir, en menos de un año había que tener listo el guión, localizados los
exteriores, preparado los decorados, rodar una intemerata de secuencias
históricas y luego montar rollos y rollos de la mano de un director
particularmente preocupado por el montaje: ni siquiera con los medios de los
que dispone hoy día una superproducción estadounidense se podría plantear en
términos razonables semejante empresa.
Sin embargo, con el arrojo que le caracterizaba, en un
primer momento Eisenstein no dudó en rodar la película entera. Año 1905 iba a
estar dividida en 8 grandes episodios para cuya realización se preveían enormes
dificultades técnicas, como escenas de masas, incendios, grandes batallas,
etcétera. Pero para cuando llegó el verano se encontraban todavía ultimando el
guión. En un acto de sensatez, teniendo en cuenta el tiempo y el presupuesto,
decidieron reducir el filme a un solo episodio, el motín del Potemkin y sus
consecuencias. Quién sabe cómo hubiera sido Año 1905, pero desde luego si El
acorazado nos sirve de referencia nos podemos imaginar la película más colosal
de todos los tiempos.
Para preparar el guión, Eisenstein contó con la ayuda de
Nina Ferdinandovna Agadzhánova-Shutko, que además de gozar de una excelente
reputación como guionista, había intervenido de forma directa en los
acontecimientos revolucionarios de 1905 como miembro del Partido Bolchevique.
Nina era una mujer tímida, de ojos azules, muy modesta y su colaboración con
Eisenstein fue tan distendida como fructífera.
Más problemas, sin embargo, tuvo con el operador de
cámara, un trabajo que en un principio recayó en el más que veterano Alexandr
A. Levitski; pero, entre otras razones por su rechazo a cualquier tipo de
innovación técnica (como el uso de grúas), al poco de empezar el rodaje su
relación con Eisenstein se había deteriorado ya de forma irreversible. Asumió
entonces este trabajo Edouard Tisse, que con el tiempo se convirtió en uno de
sus más estrechos colegas.
Además, Eisenstein se rodeo de sus colaboradores
habituales, un equipo tan unido que la prensa de la época se les conocía como
Los Cinco de Hierro: Grigori Alexándorv, Mijaíl Gómorov, Alexander Levshin,
Alexander Antónov y Maxim Strauj. La verdad es que debían formar un equipo
pintoresco, por lo menos durante el rodaje, pues los 5 iban vestidos con
camisetas a rayas para que Eisenstein los pudiera localizar con facilidad.
Algunos planos de la secuencia final fueron sacados de un
antiguo noticiero británico. Curiosamente, cuando el filme se estrenó en
Alemania, el almirantazgo alemán se alarmó ante el poderío de la flota
soviética, que pensaban mucho más reducida.
Un gran problema al que tuvieron que enfrentarse fue que
por entonces ya no existía ni rastro del acorazado Potemkin, que fue volado
durante una revuelta en 1919. Por fortuna, en la bahía de Sebastopol estaba
anclado su hermano gemelo (que es como se denominan los buques construidos
según un mismo modelo): Los doce apóstoles. Aunque el barco estaba
completamente desarbolado y desmontado, reconstruyeron toda la cubierta y los
cañones en madera contrachapada. Más complicado fue resolver el pequeño
inconveniente que suponía el uso que hasta el momento se le estaba dando al
barco como ¡depósito de minas! Durante el rodaje estaba absolutamente prohibido
fumar y realizar movimientos bruscos, cualquier descuido podía provocar que
estallasen las minas que estaban guardadas en las bodegas.
Para colmo de males, resultaba muy complicado situar la
cámara de forma que no salieran las rocas de la bahía y diera la sensación de
encontrarse en mar abierto; pero tras girar el barco, y manteniendo la cámara
prácticamente fija, pudieron dar la sensación de que el Potemkin navegaba
libremente en alta mar (a lo que también contribuyó algunas tomas de unas
pequeñas maquetas).
Para la secuencia final con toda la escuadra rusa,
Eisenstein contó con la ayuda de la flota soviética, cuyos mandos se mostraron
muy solícitos durante el rodaje. De hecho, cuando viajó a Hollywood le llamaron
mucho la atención las dificultades que pasaban los directores americanos para
rodar en exteriores o con grandes masas de gentes. ¿Cómo no iba a extrañarse si
él podía disponer libremente de todo el ejército ruso o mantener cerrada la
escalera de Odessa durante el tiempo que necesitase? De todas maneras, la
filmación de todos los buques se reveló harto complicada: por ejemplo, un
apoteósico disparo conjunto de todos los cañones de los barcos tuvo que
suprimirse después de que los capitanes ordenaran disparar, tras haber
malinterpretado un gesto de Eisenstein, cuando la cámara ni siquiera estaba
encendida.
Una vez que el rodaje prácticamente había concluido,
Eisenstein dejó los detalles finales en manos de sus ayudantes y salió
escopeteado hacia Moscú para montar la película y dirigir algunos planos del
interior del barco que no había podido rodar a bordo de Los doce apóstoles. En
jornadas agotadoras que casi llegaban a las 24 horas de trabajo, con un solo
ayudante, consiguió montar la película en tan solo 3 semanas. Tras el
preestreno decidió cambiar algunas secuencias y finalmente terminó el montaje
definitivo apenas un par de horas antes de su estreno, la noche del 21 de
diciembre en el teatro Bolshoi. Su exhibición oficial comenzó el 16 de enero en
medio de duras críticas de un sector del partido que consideraba que la película
abordaba temas que no eran estrictamente revolucionarios, por lo que su
exhibición quedó casi relegada a las incómodas salas de segunda categoría.
En el resto del mundo, el filme suscitó en general las
mismas reacciones: un enfervorizado elogio por parte de cinéfilos y
simpatizantes de la izquierda, y el rechazo por parte de las autoridades. Desde
luego, una película en la que se defendía la rebelión frente al poder despótico
resultaba difícil de digerir para casi todos los gobiernos del primer tercio del
siglo XX, por lo que prácticamente por doquier sufrió algún que otro tijeretazo
de la censura local (por ejemplo, en Alemania suprimieron las escenas en las
que se veía cómo matan a los oficiales), y su circuito quedó prácticamente
relegado a los cineclub.
En España se pudo disfrutar con total libertad desde la
instauración de la República y durante la Guerra Civil se proyectó para
infundir ánimos a los soldados del Gobierno. Pero, claro está, con el
franquismo pasó a engrosar la interminable lista de obras prohibidas. En el
resto de Europa, su estreno oficial sin pasar por las tijeras de la censura
tuvo que esperar al fin de la segunda guerra mundial, por ejemplo en Francia se
estrenó en 1953, un año más tarde en Reino Unido; y en Italia en 1960.
TRAILER:
Articulo de - Asier Menéndez.

























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