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martes, 17 de septiembre de 2013

EL ACORAZADO POTEMKIN.

RECOMENDACION:

EL ACORAZADO POTEMKIN
SINOPSIS:

Junio de 1905, a bordo del acorazado zarista Príncipe Potemkin de Táurida, que se encuentra fondeado frente al puerto de la ciudad rusa de Odessa, en plena fiebre revolucionaria, la situación se está haciendo insostenible. Dos marineros miembros del Movimiento Revolucionario Clandestino, Vakulinchuck y Matuchenko, muestran a sus compañeros el estado de putrefacción en que se encuentra la carne del rancho, tan infecta que está llena de gusanos. Es un síntoma más de sus terribles condiciones de vida y los marineros deciden amotinarse. Para sofocar la revuelta, el comandante Golikov ordena que los rebeldes sean fusilados pero Vakulinchuck exhorta al pelotón de ejecución para que no cumpla sus órdenes. Al final, todos los tripulantes se rebelan y durante el motín subsiguiente se quitan de en medio a los pérfidos oficiales. Sin embargo, el osado Vakulinchuck paga su osadía con la vida.


Su cadáver es llevado al puerto y depositado en el muelle donde la población de Odessa se compadece de su desgracia y simpatiza con los amotinados, hasta el punto de llevarles víveres en sus propios barcos. Pero el zar quiere acabar con el movimiento popular cueste lo que cueste y envía al ejército y a los soldados a calmar los ánimos a sangre y fuego. Decenas de civiles indefensos caen durante la matanza, pero desde el acorazado Potemkin se ayuda a la población bombardeando el edificio donde se cobija el mando zarista. Se envía entonces al grueso de la escuadra zarista para terminar con el acorazado rebelde, pero cuando un marinero "hermanos" a sus compañeros, todos los buques se unen al Potemkin en su gesta revolucionaria.

REPERCUSIÓN HISTÓRICA:

 Para conmemorar el 20 aniversario del primer intento revolucionario de 1905, las autoridades soviéticas establecieron un ambicioso plan de eventos que incluía el rodaje de algunas películas que narrasen aquellos hechos históricos. Eso sí, había que seguir las peculiares directrices de la historiografía marxista que se regía por el principio de contar las cosas no tanto como sucedieron, sino como deberían de haber sucedido. Dicho de otra forma, a Eisenstein le dejaron muy claro que esta vez la película debía acabar bien (no como en La huelga). Los acontecimientos, sin embargo, sucedieron de forma bien diferente.

A principios del siglo XX, Rusia era uno de los países más atrasados de Europa y con una estructura social que lindaba con el feudalismo. Los grandes terratenientes eran los dueños absolutos de un territorio inmenso donde la mayor parte de la población vivía en la más absoluta de las miserias. La industrialización apenas se advertía en las grandes ciudades. El zar Nicolás II mandaba el país con mano de hierro y cualquier tipo de protesta social era reprimida a sangre y fuego. Por añadidura, en 1904 Rusia comenzó una guerra con Japón a causa de unas disputas territoriales en el extremo oriente y miles de soldados marcharon a morir en una sangrienta contienda que estaba casi perdida de antemano. Al poco, los esfuerzos bélicos habían agotado las arcas del Estado y una feroz crisis económica vino a rematar la depauperada vida de los rusos.

Ante este paisaje, la población respondía con huelgas obreras, sublevaciones campesinas, acciones terroristas y demás actos reivindicativos que en 1905 se consolidaron en una revolución generalizada. El inicio de esta larvada revolución se puede situar en el domingo 9 de enero, cuando una manifestación pacífica de obreros que se dirigía al Palacio de Invierno con el objetivo de presentarle al zar una súplica para mejorar las condiciones laborales fue disuelta por la policía y el ejército mediante cargas y fuego a discreción. Estos acontecimientos fueron conocidos como el Domingo Sangriento y en cierta medida quedan recogidos en la famosa secuencia de la escalera de Odessa, donde, por cierto, nunca se produjo la matanza que narra Eisenstein. Pero volvamos a 1905.

La brutal represión del Domingo Sangriento, que dejó un saldo de cientos de muertos y heridos, fue la chispa que encendió un reguero de huelgas y motines abanderados por los soviets (organizaciones o consejos obreros que operaban en fábricas y ciudades). El ejército también se implicó en varios actos de protesta, como la sublevación protagonizada por los marineros del acorazado Potemkin.

Al parecer, extenuados tras la guerra japonesa y hartos ya de soportar las pésimas condiciones de vida a bordo del barco, el 14 de junio, durante unas maniobras cerca de la isla de Tendra en el mar Negro, los marineros del Potemkin se amotinaron por el pésimo estado del rancho y tras matar a los oficiales se dirigieron al cercano puerto de Odessa para apoyar a los insurgentes que desde hacía días se estaban enfrentando a los cosacos y las tropas del zar. Cuando llegaron a puerto, el Potemkin se sumó a la lucha y llegó a disparar contra algunos edificios del gobierno, pero la flota del Mar Negro había recibido la orden de zarpar desde Sebastopol con órdenes de hundir el insurrecto buque y el Potemkin salió huyendo hacia Rumanía. El gobierno de Bucarest los acogió de mal talante y devolvió el buque a la marina rusa. Algunos de los amotinados volvieron a Rusia (donde se les juzgó con severidad) y el resto se desperdigó por Europa.

Y como epílogo de este repaso histórico podemos recordar el fin de la revolución de 1905. Frente a un panorama de insurgencia generalizada, acorralado entre la guerra y la revolución, al zar no le quedó más remedio que realizar concesiones. Así, en octubre anunció una reforma política, la adopción de una asamblea representativa (la Duma) y otorgar determinadas mejoras laborales a obreros y campesinos (como la jornada laboral de 10 horas). Estos avances dividieron a la oposición y la burguesía se apartó de la senda revolucionaria. Al poco, Nicolás II volvía a tener la situación bajo control y con ello se fue olvidando progresivamente de todos sus compromisos hasta que se regresó de facto a la autocracia anterior.

En un principio, el filme pretendía abarcar todos los acontecimientos de la revolución de 1905, desde la guerra ruso-japonesa al domingo sangriento, y de hecho llevaba por título Año 1905. Ahora bien, desde un principio se deberían haber percatado de que apenas iban a contar con el tiempo necesario para poner en marcha el rodaje. El encargo se realizó el 19 de marzo de 1925 y la película debía de estar concluida para el 20 de diciembre. Es decir, en menos de un año había que tener listo el guión, localizados los exteriores, preparado los decorados, rodar una intemerata de secuencias históricas y luego montar rollos y rollos de la mano de un director particularmente preocupado por el montaje: ni siquiera con los medios de los que dispone hoy día una superproducción estadounidense se podría plantear en términos razonables semejante empresa.

Sin embargo, con el arrojo que le caracterizaba, en un primer momento Eisenstein no dudó en rodar la película entera. Año 1905 iba a estar dividida en 8 grandes episodios para cuya realización se preveían enormes dificultades técnicas, como escenas de masas, incendios, grandes batallas, etcétera. Pero para cuando llegó el verano se encontraban todavía ultimando el guión. En un acto de sensatez, teniendo en cuenta el tiempo y el presupuesto, decidieron reducir el filme a un solo episodio, el motín del Potemkin y sus consecuencias. Quién sabe cómo hubiera sido Año 1905, pero desde luego si El acorazado nos sirve de referencia nos podemos imaginar la película más colosal de todos los tiempos.

Para preparar el guión, Eisenstein contó con la ayuda de Nina Ferdinandovna Agadzhánova-Shutko, que además de gozar de una excelente reputación como guionista, había intervenido de forma directa en los acontecimientos revolucionarios de 1905 como miembro del Partido Bolchevique. Nina era una mujer tímida, de ojos azules, muy modesta y su colaboración con Eisenstein fue tan distendida como fructífera.

Más problemas, sin embargo, tuvo con el operador de cámara, un trabajo que en un principio recayó en el más que veterano Alexandr A. Levitski; pero, entre otras razones por su rechazo a cualquier tipo de innovación técnica (como el uso de grúas), al poco de empezar el rodaje su relación con Eisenstein se había deteriorado ya de forma irreversible. Asumió entonces este trabajo Edouard Tisse, que con el tiempo se convirtió en uno de sus más estrechos colegas.

Además, Eisenstein se rodeo de sus colaboradores habituales, un equipo tan unido que la prensa de la época se les conocía como Los Cinco de Hierro: Grigori Alexándorv, Mijaíl Gómorov, Alexander Levshin, Alexander Antónov y Maxim Strauj. La verdad es que debían formar un equipo pintoresco, por lo menos durante el rodaje, pues los 5 iban vestidos con camisetas a rayas para que Eisenstein los pudiera localizar con facilidad.

Algunos planos de la secuencia final fueron sacados de un antiguo noticiero británico. Curiosamente, cuando el filme se estrenó en Alemania, el almirantazgo alemán se alarmó ante el poderío de la flota soviética, que pensaban mucho más reducida.
           
Un gran problema al que tuvieron que enfrentarse fue que por entonces ya no existía ni rastro del acorazado Potemkin, que fue volado durante una revuelta en 1919. Por fortuna, en la bahía de Sebastopol estaba anclado su hermano gemelo (que es como se denominan los buques construidos según un mismo modelo): Los doce apóstoles. Aunque el barco estaba completamente desarbolado y desmontado, reconstruyeron toda la cubierta y los cañones en madera contrachapada. Más complicado fue resolver el pequeño inconveniente que suponía el uso que hasta el momento se le estaba dando al barco como ¡depósito de minas! Durante el rodaje estaba absolutamente prohibido fumar y realizar movimientos bruscos, cualquier descuido podía provocar que estallasen las minas que estaban guardadas en las bodegas.

Para colmo de males, resultaba muy complicado situar la cámara de forma que no salieran las rocas de la bahía y diera la sensación de encontrarse en mar abierto; pero tras girar el barco, y manteniendo la cámara prácticamente fija, pudieron dar la sensación de que el Potemkin navegaba libremente en alta mar (a lo que también contribuyó algunas tomas de unas pequeñas maquetas).

Para la secuencia final con toda la escuadra rusa, Eisenstein contó con la ayuda de la flota soviética, cuyos mandos se mostraron muy solícitos durante el rodaje. De hecho, cuando viajó a Hollywood le llamaron mucho la atención las dificultades que pasaban los directores americanos para rodar en exteriores o con grandes masas de gentes. ¿Cómo no iba a extrañarse si él podía disponer libremente de todo el ejército ruso o mantener cerrada la escalera de Odessa durante el tiempo que necesitase? De todas maneras, la filmación de todos los buques se reveló harto complicada: por ejemplo, un apoteósico disparo conjunto de todos los cañones de los barcos tuvo que suprimirse después de que los capitanes ordenaran disparar, tras haber malinterpretado un gesto de Eisenstein, cuando la cámara ni siquiera estaba encendida.

Una vez que el rodaje prácticamente había concluido, Eisenstein dejó los detalles finales en manos de sus ayudantes y salió escopeteado hacia Moscú para montar la película y dirigir algunos planos del interior del barco que no había podido rodar a bordo de Los doce apóstoles. En jornadas agotadoras que casi llegaban a las 24 horas de trabajo, con un solo ayudante, consiguió montar la película en tan solo 3 semanas. Tras el preestreno decidió cambiar algunas secuencias y finalmente terminó el montaje definitivo apenas un par de horas antes de su estreno, la noche del 21 de diciembre en el teatro Bolshoi. Su exhibición oficial comenzó el 16 de enero en medio de duras críticas de un sector del partido que consideraba que la película abordaba temas que no eran estrictamente revolucionarios, por lo que su exhibición quedó casi relegada a las incómodas salas de segunda categoría.

En el resto del mundo, el filme suscitó en general las mismas reacciones: un enfervorizado elogio por parte de cinéfilos y simpatizantes de la izquierda, y el rechazo por parte de las autoridades. Desde luego, una película en la que se defendía la rebelión frente al poder despótico resultaba difícil de digerir para casi todos los gobiernos del primer tercio del siglo XX, por lo que prácticamente por doquier sufrió algún que otro tijeretazo de la censura local (por ejemplo, en Alemania suprimieron las escenas en las que se veía cómo matan a los oficiales), y su circuito quedó prácticamente relegado a los cineclub.

En España se pudo disfrutar con total libertad desde la instauración de la República y durante la Guerra Civil se proyectó para infundir ánimos a los soldados del Gobierno. Pero, claro está, con el franquismo pasó a engrosar la interminable lista de obras prohibidas. En el resto de Europa, su estreno oficial sin pasar por las tijeras de la censura tuvo que esperar al fin de la segunda guerra mundial, por ejemplo en Francia se estrenó en 1953, un año más tarde en Reino Unido; y en Italia en 1960.

TRAILER:



                                                                                                             Articulo de - Asier Menéndez.